PALOS DE CIEGO

Francisco Selamé M. Socio PwC

El Mercurio

En su obra El tesoro de la lengua castellana o española’, Sebastián Covarrubias Horozco define los palos de ciego como aquellos que se descargan a tentón y con mucha furia. Conforme estas características, cuando popularmente se atribuye a alguien dar esta clase de golpes, quiere indicarse que actúa sin tener suficiente conocimiento, ni medir adecuadamente las consecuencias.

El presidente del grupo de economistas expertos en exenciones se reunió recientemente con la comisión de Hacienda del Senado para presentar las conclusiones y disidencias del informe sobre beneficios tributarios, sin existir aún ningún proyecto de ley con relación a estas materias, y no obstante carecer el órgano legislativo de iniciativa para derogar o modificar las existentes. Palos de ciego. Por otra parte, la comisión de Constitución de la Cámara de Diputados retomó el análisis de la reforma constitucional sobre impuesto al patrimonio, en circunstancias de que el Tribunal Constitucional ya declaró inconstitucionales los proyectos que violentan la iniciativa exclusiva del Presidente de la República.

Palos de ciego. Durante la última audiencia de esta comisión, el director nacional del Servicio de Impuestos Internos puso en evidencia las graves falencias e imprecisiones del impuesto, indicando que afectaría a menos de un tercio de los contribuyentes estimados, que este carece de normas mínimas sobre hecho gravado, devengo, base imponible y pago, y que, para colmo de males, tal como fue concebido, no podría ser fiscalizado ni interpretado por el SII, o sea que sus autores han dado palos de ciego. Pese al informe negativo de la comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados, la sala de dicho órgano aprobó un proyecto de ley que crea un nuevo royalty a las ventas de cobre y litio.

Sin ni siquiera recurrir al resquicio de una reforma constitucional, los legisladores pretenden derechamente establecer un tributo, careciendo de las atribuciones constitucionales para hacerlo. Palos de ciego. Nadie puede discutir la legitimidad de las modificaciones y adecuaciones que se estimen necesarias efectuar al sistema tributario y en particular a la tributación de determinados contribuyentes o sectores económicos, o a las liberaciones o exenciones de que algunos se benefician. Lo penoso es que nuestro país pierde velozmente —y a golpe de palos de ciego en proyectos que difícilmente podrán prosperar— toda la seriedad y el respeto que se había ganado.

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