EL IMPUESTO A LOS SUEÑOS

El Mercurio

por FRANCISCO SELAMÉ M.

SOCIO PWC

La ampliación de la cobertura de la enseñanza media y la universalidad en su egreso, así como el crecimiento económico de las familias chilenas, que tradicionalmente dan a la educación superior una importancia fundamental en el legítimo ascenso social, han contribuido a un número creciente de profesionales en el país.

A las dificultades que la realización de este sueño ha generado en muchos jóvenes, desde los niveles de endeudamiento que han debido asumir, hasta la imposibilidad de llevar adelante sus proyectos personales, por efectos de la crisis social y la pandemia, se suma ahora el fantasma de un impuesto que grave con un 19% las prestaciones que, una vez recibidos, lleguen a realizar.

Los profesionales más especializados, que prestan servicios a grandes empresas, que a su vez producen o comercializan productos gravados con IVA, no se verán mayormente afectados, pues sus clientes lo recuperarán, anulándose cualquier efecto recaudatorio. Por esto, el informe del Fondo Monetario Internacional y la OCDE proponen diversas alternativas para evaluar el impacto real de la exención del IVA a los servicios. Lo que es desilusionante es que la comisión de economistas sugiera eliminarla, simplemente para cumplir un estándar internacional, sin recabar datos ni evaluar en profundidad los efectos que en Chile puede producir terminar con ella.

En los casos que los profesionales que atiendan a otras personas físicas puedan recargar el impuesto, sin necesidad de bajar sus honorarios, serán estas últimas los principales afectados y he aquí nuevas contradicciones. Si posiblemente algunos miembros de la comisión concuerden con que el impuesto al valor agregado es desproporcionado y regresivo, ¿cómo pueden defender la eliminación de una exención que solo puede agravar esta situación? y, ¿cómo compatibilizan la convicción de que debemos invertir en capital humano y generar las condiciones para el desarrollo de innovación y tecnología, con las distorsiones que el impuesto a los servicios puede ocasionar?

Hay sin duda muchos usos y costumbres que podríamos importar desde París, capital de una nación muy civilizada. Paradójicamente, de ahí tomamos este impuesto, inspiración de Maurice Lauré, quien lo creó precisamente para terminar con las distorsiones y defectos de los impuestos a la producción. Setenta años después, deberíamos ser más atentos a las sugerencias que, en materia de tributación local, nos llegan desde allí.

Otras Publicaciones

Columnistas

Últimas Publicaciones