ANESTESIA CIUDADANA

El Mercurio

Francisco Selamé M. Socio PwC

Hace poco tiempo atrás se viralizó en redes sociales un mensaje enviado por una mujer indignada que llamaba a ‘funar’ una tienda en San Vicente de Tagua Tagua, al advertir en las nuevas boletas emitidas que estaban cobrando IVA por la compra de vestuario. Llamaba a sus seguidores a no permitir lo que consideraba un despropósito y a estar atentos a estos cobros indebidos. Paralelamente y con cierto candor, el ministro de Hacienda hacía presente las bondades de la boleta electrónica que, al separar el impuesto del valor de las mercaderías, permitía a las personas tomar conciencia de su real aporte al erario público.

Lo cierto es que la técnica fiscal, asumiendo el rechazo que puede generar el pago de tributos, ha ideado múltiples mecanismos para enmascararlos, tales como el recargo oculto del IVA en el precio de venta (el llamado ‘IVA incluido’); o, retenciones en manos de terceros, de manera de crear, en una masa importante de contribuyentes desprevenidos, la ilusión de una vida sin impuestos. ¿Pero cuál es verdaderamente el efecto de estos tributos indoloros, pagados inconscientemente? Si uno de los deberes fundamentales de todo ciudadano es contribuir de acuerdo con sus facultades al mantenimiento del gasto público, mediante este ardid se le despoja de su dignidad y además, como un extraño al sistema, del derecho a exigir que se le explique la necesidad de su contribución y el seguimiento de su destino y eficiencia.

Los dineros que financian el poder llegan entonces a raudales, pero sin titulares a los que rendir cuenta, sin sujetos que puedan cuestionar su uso, castigar su despilfarro o premiar su buen destino, rompiendo definitivamente la relación entre ciudadanía y tributación. Lo anterior se agrava porque este aturdimiento también ocurre a nivel electoral, en que muchas personas creen votar por un candidato, pero en realidad sus votos llegan a favorecer a otros, por efectos de un mecanismo complejo, no solo difícil de pronunciar, sino también de entender. Así la aprobación o la sanción política pueden llegar a perder toda eficacia. Independiente del tímido avance que en esta materia la boleta electrónica puede representar, es fundamental que la nueva Constitución se haga cargo de restablecer este vínculo entre ciudadanos alertas, impuestos justos y poder político responsable, como base de un sistema genuinamente democrático.

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