LO QUE NO NOS PODEMOS PERMITIR

MACARENA NAVARRETE Socia Principal EY Chile-

El Mercurio

Es innegable que el estallido social que vive nuestro país nos ha afectado a todos. Nadie puede quedar indiferente ante las demandas sociales escuchadas, la violencia exhibida, la destrucción, el proceso político desencadenado. Quien más, quien menos, todos estamos golpeados y sorprendidos, pues no esperábamos vivir algo así. Parece sorprendente, dado que todo estaba ahí y era cosa de atar los cabos. La verdad, no lo hicimos. Hay quienes se sorprenden de que Chile, que redujo la pobreza del 30% a menos del 7% en 17 años, haya caído en esto; un país en que tres de cada cuatro personas dicen vivir mejor que sus padres.

Otros sienten que estaba claro que esto pasaría: un país en que —por las razones que fuesen— la pensión media no alcanza el nivel de ingreso para vivir fuera de la pobreza, familias altamente endeudadas por una educación de sus hijos que no los satisfizo, un sistema de salud que no ha cumplido, por mencionar algunas realidades. Así las cosas, cada uno mira desde su esquina preguntándose cómo pasó esto.

Muchos hemos estado mirando, escuchando, evaluando, haciendo el intento por entender y formarnos una idea. Ya no nos podemos permitir estar solo en el análisis, solo en el desconsuelo, en mirar atrás, por más importante que esto sea. Debemos preguntarnos qué debo hacer ahora. Ha llegado el momento en que cada uno, desde la política, empresa, organizaciones sociales y familia —sin dejar de escuchar— retomemos el camino, un camino ahora distinto, con la meta de hacerlo un Chile mejor, más justo, más sustentable, más inclusivo. No podemos permitirnos algo distinto.

Quienes hemos optado por hacer de este nuestro país, donde hemos decidido trabajar y formar familia, no podemos permitirnos visos de claudicación. No podemos permitirnos el pesimismo e inacción. Debemos intercambiar ideas, ponernos de acuerdo unos con otros, diseñar un plan hacia adelante que nos permita avanzar de buena forma tomando lo mejor que nos ha presentado este momento social. No nos podemos permitir otra cosa, no podemos dejarnos a la deriva de la incertidumbre, del pesimismo. Tenemos la obligación de retomar el optimismo y energía, aunque sea acompañada de preocupación, para que el Chile del mañana se parezca al que hoy soñamos: un Chile sustentable, en que nadie se quede atrás, el Chile que queremos heredar a las futuras generaciones.

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