EL PROBLEMA DE LAS MAYORÍAS Y MINORÍAS EN LA BÚSQUEDA DE LA DIVERSIDAD

MACARENA NAVARRETE SOCIA PRINCIPAL DE EY CHILE

El Mercurio

Cada vez son más las organizaciones que creen que deben ser guiadas por sus valores y entienden que no discriminar es el camino que deben seguir. Esta convicción se ha visto apoyada por estudios que respaldan que las empresas inclusivas son más rentables. Pero no hay que ser demasiado cínico para darse cuenta de que hay más que eso: existe también una presión social para declarar la adhesión a la inclusión y a la diversidad, y que impulsa a las instituciones a moverse en ese sentido, aunque no sea por convicción, sino por un sentido práctico que les dice que es importante ser bien evaluadas por la opinión pública, por sus clientes, por sus empleados y por los demás stakeholders. 

Y una vez que una minoría es incluida, se hace inevitable que opere la naturaleza propia de los números y del poder. Es entonces cuando se produce el proceso de la valoración de la diferencia. Cuando la diferencia se origina en una imposibilidad de adaptarse a la norma, existe un consenso creciente a considerarla ‘legítima’. 

Esto ocurre, por ejemplo, en el caso de minorías raciales, o de discapacidades. En tales casos, resulta evidente que la ‘diferencia’ no deriva de una conducta (lo que la persona ‘hace’) sino que de una condición (lo que la persona ‘es’), y que no debiera exigirse a nadie una ‘asimilación’ a costa de la negación de la propia identidad. Sin embargo, la situación suele ser más problemática cuando la diferencia es considerada un rasgo de carácter como, por ejemplo, formas de liderazgo, estilos de trabajar o de relacionarse, o expectativas del trabajo. El grupo minoritario intentará muchas veces asimilarse por la vía de disimular o atenuar los rasgos que lo hacen distinto, pero esta estrategia suele no producir los efectos de aceptación esperados y, en el peor de los casos, puede ser interpretada como falta de autenticidad. 

Lo anterior redunda en que la frustración causada por la falta de aceptación se verá incrementada por la sensación de tener que falsificarse para ser aceptado. Incluir la diversidad es mucho más complejo que simplemente permitir el ingreso a un grupo humano de personas diferentes. Incluir la diversidad conlleva la necesidad de aceptarla y considerarla legítima y valiosa. Queda mucho por hacer. El llamado es a no privarse del valioso aporte que pueden efectuar las personas que no son incluidas de modo apropiado, a no empobrecernos por privarnos de lo que nos pueden aportar. Es entender que la diferencia no es una falencia que hay que tolerar, sino un valor que hay que abrazar.

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