Novedades de la ISO anticorrupción

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Implementar un sistema de gestión contra el soborno, así como modelos de prevención de delitos integrales, confirmará a las organizaciones que cuentan con las medidas adecuadas.

Por Tamara Agnic

La autora es socia KPMG, Advisory-Forensic, ex superintendenta de Pensiones y ex directora UA

Recientemente la International Organization for Standardization (ISO) emitió una nueva norma, la 37001, que está diseñada para apoyar a las organizaciones a luchar contra el soborno y la corrupción, a través del establecimiento de una cultura de integridad, transparencia y cumplimiento.

Este nuevo estándar especifica medidas que las empresas deberían implementar para ayudar a las organizaciones a prevenir, detectar y abordar decididamente el soborno. Las recomendaciones incluyen, por ejemplo, la adopción de una política anti soborno, lo que requiere, según la propia Norma ISO indica, del liderazgo y compromiso de la alta dirección. Adicionalmente, se sugiere el nombramiento de una persona responsable por la supervisión del cumplimiento de la mencionada política contra el soborno y también la necesidad de proporcionar capacitación permanente a todo el personal en materias de ética y anti soborno. La identificación de riesgos de soborno y la implantación de los correspondientes mitigadores, entre otras medidas, no pueden estar ausentes.

¿Y cuál es la novedad? Para el estándar chileno, instaurado a partir de la promulgación de la ley 20.393 sobre responsabilidad penal de las personas jurídicas en la comisión de algunos delitos, entre ellos el cohecho a funcionarios públicos, este estándar sistematizado en la Norma ISO 37001 no representa una gran sorpresa.

Efectivamente, no existen diferencias significativas con el estándar que las empresas chilenas debiesen haber asumido con la vigencia de la mencionada ley. Entonces, ¿cuál es el beneficio de esta nueva norma? El principal aporte será llevar este tema al terreno de la conversación, dándole la prioridad que amerita -si habláramos en lenguaje de redes sociales, sería transformarlo en ‘trending topic’.

A pesar de la presencia de leyes nacionales, de los múltiples acuerdos internacionales dedicados a la lucha contra la corrupción y de la constatación de que son varias las empresas condenadas y otras cuantas formalizadas o en etapa de investigación, en general las empresas chilenas siguen al debe en la velocidad de adopción de estos estándares. Suelen ser vistos como un gasto innecesario, asumiendo, a priori, que la empresa u organización no está expuesta a riesgos de corrupción, en circunstancias que la evidencia indica que no existe ninguna empresa ni sector económico que sea inmune a este tipo de mala práctica.

Si bien es cierto que la implementación de un programa anti soborno no garantiza que no ocurran actos indeseados -como sucede por ejemplo con un sistema de gestión de la seguridad laboral, que no puede garantizar que no habrá un accidente-, al menos su existencia e implementación minimizará la probabilidad de ocurrencia.

La implementación de un sistema de gestión contra el soborno como el propuesto por la ISO 37001, así como la adopción de modelos de prevención de delitos integrales, confirmará a las organizaciones que tienen las medidas adecuadas para prevenir el soborno u otros actos indeseados por parte, en nombre de, o en contra de la organización, tal como lo demanda la ley de responsabilidad penal de las personas jurídicas vigente desde 2009.

Cada vez con más fuerza los gobiernos, el sector privado y público, las organizaciones no gubernamentales, los medios de comunicación y los ciudadanos en todo el mundo están uniendo sus fuerzas para luchar contra la corrupción, dejando de manifiesto el gran desafío para las empresas chilenas y la reflexión de que es necesario un mayor entusiasmo y esfuerzo en la adopción de estos nuevos estándares.

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