REFORMA LABORAL O LUCHA SECRETA ENTRE DOS CONCEPTOS DE MODERNIDAD

El Mercurio

MACARENA NAVARRETE Socia principal de EY

En 2016, la Presidenta Bachelet mandó un proyecto para modernizar el sistema de relaciones laborales. En 2019, el Presidente Piñera envió un proyecto de modernización laboral. Alguien podría pensar que querían lo mismo. Sin embargo, estos reflejan dos ideas profundamente diferentes de modernidad. Por un lado, la visión del primero propugnaba un enfoque de modernidad en materia laboral basado en lo colectivo. Mientras que el segundo se basa en lo individual. 

El primero centra en la idea de la existencia de un inherente desequilibrio entre el poder de las empresas y sus trabajadores y en que el uso de lo colectivo y en general del sindicato es el medio para equiparar esa desigualdad y emparejar la cancha para que se pueda negociar apropiadamente. El colectivo, actuando a nombre de los trabajadores, obtendría una mejor solución para empleadores y empleados. El actual proyecto se basa sobre la confianza en el individuo y la idea de la existencia de una gran diversidad de empleados cuyos intereses difícilmente pudieran ser entendidos, defendidos y negociados por otro más que el trabajador. ¿Cuál tendrá éxito? 

Es previsible que en una cultura occidental, individualista en su esencia, la mayoría de los individuos optarían por un sistema de negociación individual si creyeran que esto podría darles mejores resultados. ¿Qué rol juego en el colectivo? ¿Cómo ayudo al éxito del grupo? Estas no suelen ser preguntas a la hora de pensar en condiciones laborales a negociar con el empleador. Así las cosas, de optar por el sistema laboral, quienes creen tener las habilidades y capacidades que los hacen ‘escasos’ y ‘deseados’ por las empresas preferirían la nueva reforma. En cambio, el grupo más postergado podría pensar que el pertenecer al grupo lo hace más fuerte y grande y así podría enfrentarse de modo justo al empleador. 

En definitiva, la lucha entre los sistemas laborales es la lucha entre la primacía de lo colectivo versus lo individual que se da en una sociedad occidental en que el ciudadano quisiera poder aferrarse a un sistema individualista, pero algunos de ellos deciden cederlo, por temor a su debilidad, aceptando el colectivo. La disputa es sobre si debe empoderar a la persona o a la sociedad, al ciudadano o a la ciudadanía, al empleado o al sindicato. La guerra entre la confianza y la desconfianza en el poder individual y el colectivo es realmente la pugna que se da detrás de la reforma laboral y lo que cada grupo describe como ‘moderno’, según sus convicciones.

Otras Publicaciones

Columnistas

Últimas Publicaciones