Las urgencias pasan

viernes, 21 de septiembre de 2018

Economía y Negocios Online

Francisco Selame Socio de PwC 

Como es de todos conocido, durante el año 2014 se inició en Chile un proceso de reforma tributaria que se caracterizó por la urgencia casi frenética en su elaboración y posterior aprobación.

No obstante su complejidad y vastos alcances, el proyecto fue elaborado en la más estricta reserva, por un reducido grupo de personas; aprobado sin mayor análisis y en tiempo récord por la Cámara de Diputados; y, re escrito, gracias a un esfuerzo maratónico, por el Senado, pero con dos plumas antagónicas y entre gallos y medianoche.

Fruto de un consenso irreflexivo y obtenido a regañadientes y como era previsible, desde su misma aprobación, nuestro sistema tributario ha estado mirándose a sí mismo en una especie de catarsis permanente. Lo anterior se ha traducido en modificaciones sucesivas de normas que incluso nunca llegaron a estar vigentes y en un esfuerzo desmedido y sin precedentes de la administración, los contribuyentes y los operadores del sistema por hacerlo inteligible y facilitar el cumplimiento tributario.

Como en el aguafuerte de Goya “Ya es hora”, de la serie “Los caprichos”, en que un grupo de personas bostezan de manera terrible y gritan, es tiempo de abandonar demonios y letargo intelectual, con sentido de país y sin urgencias, acordar ampliamente y de una vez un sistema tributario de reglas razonables, equilibradas y permanentes.

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