Una reforma para el futuro

LaTercera – Pulso

FRANCISCO LYON Socio Líder de Tax&Legal de KPMG

Es de esperar que los distintos sectores tengan la capacidad de entenderse, frente al proyecto de modernización tributaria recientemente presentado por el Gobierno, con miras a un necesario ajuste en nuestro sistema y normas tributarias. Debemos tener la capacidad de discutir bajo estrictos estándares técnicos, dejando a un lado consideraciones que no contribuyan en esta dirección.

Así, a modo de ejemplo, es importante que podamos entender la conveniencia de avanzar en simplificar nuestra estructura sobre impuesto a la renta empresarial, con miras a tener un solo régimen general de tributación (sin perjuicio de ciertas excepciones sectoriales optativas), siendo la integración propuesta en el Proyecto un paso importante (entre otros aspectos que se proponen). Esto, sin mencionar la notable mejora que se produciría en concepto de equidad horizontal, la que actualmente se ve afectada por la coexistencia de los regímenes Atribuido y Semi-Integrado, lo que en la práctica genera una serie de distorsiones que se corregirían.

Por supuesto que la recaudación y la carga tributaria final son muy importantes, pero no podemos extremar la instrumentalización de la estructura impositiva, al punto de ‘justificar’ lo negativo de su diseño, por la necesidad de alcanzar el ‘número’. Lo correcto sería, por un lado, acordar una adecuada estructura impositiva, la que nos pueda acompañar por muchísimos años, y por otro, fijar la carga correspondiente, en tasa impositiva. Y, cuando se necesiten ajustes, en lo posible que sea esto último y no la estructura lo que deba moverse en forma dramática cada vez, afectando la necesaria estabilidad y seguridad del sistema.

El Proyecto contiene otros avances, como los impuestos digitales, modificaciones en materia de gastos rechazados, tratamiento sobre Pymes, correcciones y modificaciones a normas sobre mercado de capitales y, otras modificaciones que en general son positivas sobre distintos cuerpos legales, cuyo análisis técnico debiera imponerse, nuevamente, por sobre toda otra consideración, reconociéndose asimismo, y en todo caso, los aspectos susceptibles de perfeccionarse o corregirse en la tramitación correspondiente. Finalmente, como un paso modernizador debiera ser entendida la nueva Defensoría del Contribuyente. Nuestro SII se ha destacado históricamente por su profesionalismo, seriedad y eficiencia, en que la creación de este nuevo organismo del Estado, no hará sino confirmar nuestro liderazgo, en un paso más de modernización en la relación autoridad – contribuyente.

Sería un error entender esta Defensoría como una forma de debilitamiento del eficiente actuar fiscalizador del SII, pues más bien se trata de avanzar en un marco relacional bajo objetivos comunes: por un lado incentivar el adecuado cumplimiento tributario de los contribuyentes, y por el otro, bajo una fiscalización eficiente de la autoridad y con los más altos estándares, fomentar en todo momento un ambiente de cercanía con el contribuyente, en el marco de la continua observancia de sus garantías y derechos, potenciándose cada vez más el mejor ambiente de negocios, en pro del desarrollo de nuestro país.

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