Las empresas en jaque

Cristián Bastián Socio Principal KPMG

El mundo se ha vuelto impredecible, los cambios ocurren cada vez con mayor frecuencia y a una velocidad nunca antes vista. Ante este escenario, las empresas deben abandonar los enfoques de corto plazo debiendo definir sus estrategias con una mirada sostenible y de largo plazo. Las respuestas de la sociedad y del mundo económico se han vuelto un tanto erráticas, donde los riesgos pueden poner en jaque a instituciones, empresas, gobiernos y países.

Los desafíos insertos en esta nueva realidad demandan una estructura dinámica al interior de las empresas. En un informe reciente de KPMG, se identifican estos riesgos y se sitúan en un ranking según su trascendencia, destacando tres de ellos por su impacto en la continuidad de las organizaciones, emplazándolas a la acción antes de que sea demasiado tarde: la ciberseguridad, el cambio climático y la reputación.

Las empresas están obligadas a identificar estos riesgos, gestionarlos, medirlos, integrarlos en sus estrategias y convertirlos en una ventaja competitiva. Lo que antes las diferenciaba para alcanzar el éxito, hoy es lo mínimo necesario para sobrevivir en un entorno de enorme volatilidad.

Los riesgos son diversos y muy cambiantes, evitarlos hoy ya no es una opción y es prácticamente imposible, en especial los relacionados con ciberseguridad, la protección de datos, el medioambiente y los recursos naturales, los vaivenes geopolíticos y los cambios regulatorios. El fraude y el daño reputacional son los que se alzan como riesgos inminentes que hoy acechan a las empresas.

El desarrollo de las tecnologías continuará siendo imparable y con ello el riesgo asociado a la protección de los datos y ciberseguridad, donde hoy cualquier robo o uso incorrecto de información puede tener un impacto muy negativo en la reputación de las empresas y afectar incluso sus resultados y valoración en los mercados. Esto exige contar con un Gobierno de los Datos en las empresas que esté a la altura de estos desafíos.

Por otra parte, para que las empresas sobrevivan también es imprescindible que cambien el alcance temporal en el que se proyectan considerando las enormes externalidades medioambientales, que por años no parecieron importantes y hoy se han convertido en uno de los mayores riesgos a nivel global. La mayoría de empresas no están preparadas.

La reputación de las compañías e instituciones es en el mundo de hoy un activo sumamente vulnerable, constituyéndose en un factor más difícil de controlar que en el pasado y que afecta a las personas tanto como a las empresas que representan, y donde es crucial saber gestionar este riesgo y saber responder apropiadamente a las crisis. La interconectividad global e inmediata y la amplificación de cualquier noticia a través de las redes sociales hace del riesgo reputacional uno de los principales a tener en cuenta y es necesario tener un plan preparado para ser activado ante contingencias que parecieran en muchos casos impredecibles.

Las empresas deben adaptarse a una gestión eficaz y dinámica de sus riesgos y estar preparadas para su continua evolución. La volatilidad e irrupción constante de las nuevas tecnologías, que están lejos de tocar techo, y desafíos cada vez más complejos pondrán en jaque a aquellas empresas que no se estén preparando y adaptando a estas circunstancias.

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