El gran desafío de la reforma tributaria

PULSO  18/04/2018

Por Paris Norambuena –  Gerente de Impuestos Internacionales de EY Chile

EL NUEVO ministro de Hacienda tiene una tarea a lo menos difícil. En menos de un año – plazo autoimpuesto – debe ser capaz de enviar a discusión parlamentaria un proyecto de reforma tributaria, con el que se pretende ajustar el sistema actual para hacerlo más competitivo en relación a otros países y, a la vez, introducir ciertas mejoras formales para su simplificación.

Para lograr el objetivo principal, públicamente el ejecutivo ha mencionado fundamentalmente dos medidas de fondo: uniformar la tasa de primera categoría en 25% y reintegrar los sistemas, lo que significaría en la práctica bajar los impuestos personales, reduciendo la carga total sobre dividendos desde 44,45% a 35%, ambas medidas que implicarían acabar con la dualidad de regímenes corporativos.

Ahora viene el primer escollo: se debe cubrir la menor recaudación generada por la reducción de impuestos.

Y es que, sumado a las noticias sobre un déficit fiscal mayor al esperado, Chile es el segundo país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde) con peor recaudación de impuestos en relación al PIB y el país que por lejos recauda menos impuestos personales del grupo.

Según un informe reciente de la misma organización (“Revenue Statistics in Latin America and the Caribbean 2018”), Chile se ubica incluso por debajo del promedio de la región en ambos conceptos, además de basar sus ingresos en IVA y otros impuestos indirectos, todas tendencias contrarias a los países más desarrollados.

Para este propósito, varias formas de compensación han sido mencionadas en medios de prensa.

Se ha hablado de volver al 40% de impuesto global complementario, limitar el diferimiento de impuestos finales, cerrar espacios de elusión aún abiertos, tocar el impuesto a la herencia, incorporar impuestos a la economía digital; incluso se ha hablado de lo tentador que puede ser aumentar un punto el IVA.

También, siguiendo la teoría “trumpista” basada en la vieja curva de Laffer, los más confiados han dicho que la baja de impuestos se compensaría con una mayor actividad económica (se aumentaría la base y los sujetos de impuesto).

Pero es aquí donde entra al ruedo el segundo desafío: la forma en que se compense la menor recaudación debe ser equilibrada y no puede ser simple matemática, considerando que la Ocde nos recuerda constantemente que Chile es el país con peor distribución de la riqueza de la organización y con un triste registro a nivel regional y global.

Así, el ejecutivo tiene el gran desafío y la oportunidad única de diseñar una política tributaria pensada a largo plazo, que tenga fines adicionales a los recaudatorios y que no sea basada en la coyuntura.

Siguiendo esta línea, a la vez que simplificamos nuestro sistema, lo hacemos más atractivo para inversionistas y lo modernizamos siguiendo recomendaciones internacionales; deberíamos ser capaces de pensar en una reforma que recaude incluso más que hoy, y nada menos que de forma equilibrada .

 

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