El “cómo” y el “cuándo”

Pulso

Tamara Agnic – Socia KPMG, Advisory Forensic; ex superintendenta de Pensiones y ex directora UAF.

SI BIEN los canales de denuncia han sido utilizados desde hace décadas como mecanismo de detección y prevención de conductas indeseadas, en nuestro país han
ido adquiriendo especial relevancia desde la promulgación de la Ley 20.393, que establece responsabilidad penal de las personas jurídicas en la comisión de algunos delitos, y también con el protagonismo creciente de las normas de libre competencia.

En el entorno internacional lo contemplan la mayoría de las legislaciones de países desarrollados, destacando las temidas e influyentes FCPA americana (Foreign Corrupt Practices Act) y la británica Bribery Act. Por supuesto, la norma ISO 19600 sobre compliance lo menciona expresamente como herramienta fundamental de detección de malas prácticas y, hace lo propio, la ISO 37001 anti soborno. Pero, ¿es suficiente la sola existencia de una línea ética para proteger a las organizaciones de la ocurrencia de actos indeseados? Claramente no.

En efecto, no es posible hacer apología irrestricta de los canales de denuncia sin considerar el momento apropiado en que estos sistemas deban ponerse en marcha -el cuándo-, como tampoco se puede obviar la forma en que se implementen el cómo-. Cuando no hay, o no se percibe un real compromiso de la empresa con una cultura de cumplimiento, la existencia de un canal de denuncia está destinada al fracaso.

A pesar de que ya son muchas las organizaciones que cuentan con sistemas de denuncia, sabemos que en su gran mayoría no están siendo utilizados. ¿La razón? En muchos de los casos, porque existe temor a las represalias. Si esa es la aprensión de los colaboradores, es que estamos fallando en el “cómo” y seguramente también erramos en el “cuándo”.

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