El panóptico del SII

Fuente: El Mercurio

Viernes, 19 de enero de 2018
La vigilancia tributaria parece abrumadora, por lo que los contribuyentes deben diagnosticarse continuamente para saber si su conducta se desvía o no de aquello que se considera como normal.
Andrés Martínez  – socio Tax & Legal KPMG

Imponer las conductas deseadas al conjunto de la población solo a partir de la idea de que se está siendo vigilado. Esa es la base de la teoría del panóptico de Michel Foucault, que tomó su nombre de una figura arquitectónica de forma circular –ampliamente utilizada en cárceles desde fines del siglo XVIII –, en cuyo centro se erige una torre desde la cual se vigila. El Servicio de Impuestos Internos chilenos estaría ejecutando de brillante manera esta labor.
En el panóptico, el vigilado es constantemente observado, sin que el vigilante sea visto; así, se disocia la estructura “ver-ser visto”. El panóptico es eficiente, ya que el observado sabe que lo vigilan, pero no de dónde ni cómo, de tal forma que se disciplina, adiestra y normaliza.

Los gobiernos modernos, han entendido que nuevas y complejas formas de control deben ser utilizadas y si del erario fiscal se trata, con mayor razón se ejercerán e implementarán nuevas tecnologías de control.

La buena fe del contribuyente y la autodeterminación de impuestos son principios rectores de todo sistema tributario moderno –el chileno no es la excepción–, sin embargo, no son suficientes para la autoridad. El RUT, declaraciones juradas complementarias, sistemas de contabilidad electrónico, propuestas de declaración del SII, nóminas de contribuyentes, etc. Estos son los panópticos que velan día y noche que la buena fe del contribuyente sea genuina. El exponencial desarrollo de las tecnologías informáticas no ha hecho más que incrementar el poder panóptico del SII.

Así, a través de información publicada por el propio SII, sabemos que la autoridad sabe que cerca de 1.500 empresas tendrían pérdidas fuera de los rangos de mercados, en comparación con entidades del mismo rubro y tamaño. La calificación operó sobre la base de un indicador de pérdidas tributarias en el que se consideró variables en cuanto al tiempo de recuperación de las inversiones y otras comparaciones por segmentos económicos. La mayoría de las empresas de la muestra elaborada por el SII no saben que ya han pasado por un primer filtro de fiscalización y que han atraído la atención del organismo recaudador automáticamente.

Probablemente varías de ellas serán llamadas a terreno para explicar el descalce. Se ha informado que otros 170 indicadores de conducta serán aplicados en el corto plazo.

Los análisis mirarán, desde los aspectos básicos, como el estatus de la información registrada en el SII, hasta algunos indicadores más complejos, como los rangos de contribución de impuestos y tasas efectivas conforme a márgenes de utilidad por sectores económicos y territorios.
Con los cambios a los registros de utilidades tributarias –a propósito de la aplicación en pleno de la reforma–, es probable que los focos de atención miren la composición de los saldos históricos del FUT. En el mismo espacio, se encontrarían los retiros en exceso y aquellas empresas que hicieron uso del impuesto sustitutivo al FUT.

En materia de IVA, es esperable la utilización de indicadores sobre créditos fiscales a partir de mediciones de volúmenes de compra y ventas. Igualmente y con el objetivo de detectar comportamientos anómalos o conductas potencialmente agresivas, el reformulado catálogo de conductas anti elusivas elaborado por el SII, debería constituir una guía para contrastar tales transacciones.

Este panóptico tributario parece abrumador, pero frente a la complejidad de nuestro sistema tributario, complejos mecanismos deben implementarse para controlarlo, abarcarlo, y sondearlo. ¿Qué le queda al contribuyente en este escenario? Diagnosticarse, identificar si su conducta tributaria se desvía o no de aquello que el panóptico fiscal considera como normal.

Identificada las desviaciones, corresponde corregirlas, justificarlas y entenderlas. En eso se ha convertido la práctica tributaria actual, en un sistema preventivo de control y normalización, que permita al contribuyente caminar tranquilo, de buena fe, frente al control de la autoridad.

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