La fragancia de dar

lunes, 06 de noviembre de 2017
Economía y Negocios
El Mercurio
por FRANCISCO SELAMÉ, SOCIO DE PWC

 

Desde las bancas en los senderos del apacible Central Park aportadas por donantes, enamorados de la ciudad y el parque, hasta el financiamiento de ambiciosos proyectos que pretenden desterrar las enfermedades del mundo, la filantropía se despliega y expresa en Nueva York, como en ningún otro lugar en el mundo.

Lo anterior no solo se explica por la riqueza y generosidad de sus habitantes, sino por un marco regulatorio que favorece la iniciativa privada, y que la hace competir con la labor benefactora del Estado.

En Chile en cambio, una legislación anacrónica y dispersa fundada en la desconfianza y la sospecha no solo no permite deducir de impuestos las donaciones, sino que las inhibe, penalizándolas con una sobreimposición a la renta.

De esta manera, la fragancia de dar, que es la del mirto en el aire, en la bella evocación poética de Khalil Gibran, no llega al valle de nuestras necesidades.

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